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Historia

El 21 de septiembre de 1804 un numeroso grupo de gijoneses fundó la Hermandad de Caridad, una institución que tenía como fin dar ayuda sanitaria y espiritual a los pobres y enfermos de la ciudad. Gijón contaba por entonces con algo más de cinco mil habitantes. De la Hermandad surgió el primer hospital, instalado en 1807 en una pequeña casa de la calle de Los Moros que meses más tarde iba a ser desmembrado por la invasión francesa.


Hasta 1817 no se recuperó la idea de asistencia hospitalaria. En Cimadevilla funcionaba el Hospital de Los Remedios, y en dos de sus salas fue instalado el nuevo Hospital de Caridad, que más que hospital era albergue donde se suministraban alimentos básicos y un techo donde cobijarse a toda una legión de desheredados. El hambre era la primera "epidemia", y del hambre surgían buena parte de las enfermedades de la época.

Hospital de los remedios, donde estuvo temporalmente el hospital de caridad
Hospital de los remedios, donde estuvo temporalmente el hospital de caridad

El gran salto de calidad del Hospital se produce, sin embargo, en 1835 con el legado de Juan Nepomuceno Cabrales, industrial afincado en Gijón y hombre muy ligado al destino de la Hermandad quien, al morir sin herederos directos, dona su casa y finca para uso hospitalario. Vivía Cabrales en lo que hoy conocemos como los jardines del Náutico, frente a la playa de San Lorenzo. No sólo donó Cabrales la casa sino todos sus enseres, el importe de cuya venta (unos 15.000 reales) sirvió para dotar al hospital de una infraestructura más que aceptable. Aquel solar del Náutico serviría de base y casa al hospital durante todo un siglo. Desde 1835 el Hospital de Caridad de Gijón no dejó de crecer, de evolucionar. En el Náutico el viejo hospital y sus gentes encararon epidemias como la de cólera de 1885, la de viruela en 1899, o la terrible epidemia de gripe española de 1918. Y también encararon guerras, primero las carlistas, después la guerra civil.

La historia del Hospital de Caridad es fundamentalmente una historia de solidaridad y de heroicidades. Desde el instante mismo de su fundación la Hermandad se nutrió de forma casi exclusiva de la generosidad propia y ajena. A los enfermos del hospital no les faltó nunca su ración de alimento o sus medicamentos básicos gracias a las limosnas, donativos, legados y aportaciones de los gijoneses. Y al trabajo de los hermanos y hermanas de la institución, volcados en el servicio a los demás. A pesar de ello fueron numerosos los momentos en que las arcas quedaron vacías. Una historia de heroicidades porque la propia estructura económica de la que hablamos nunca permitió la menor holgura en la administración de los recursos. Parte de los fondos del legado de Juan Nepomuceno Cabrales se los llevó el viento de las desamortizaciones, y el crecimiento de la ciudad a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX colapsó las instalaciones donde los médicos trabajaban de forma altruista, ayudados por una enfermería vocacional y por comunidades religiosas que trabajaban las 24 horas.

Busto de Juan Nepomuceno Cabrales
Busto de Juan Nepomuceno Cabrales

El estallido de la guerra civil coincidió con el desalojo y posterior derribo del hospital en el Náutico, víctima del Plan Urbanístico de Mejoras. El Hospital de Caridad, convertido durante unos años en Hospital Municipal, fue instalado en la zona del Bibio, en el antiguo convento de las Madres Adoratrices. Allí, en situación de penuria absoluta, se hizo frente con muy escasos medios a las tremendas consecuencias del conflicto, y de allí, de aquel convento convertido en hospital de campaña, no se salió hasta el traslado en 1947 a las modernas instalaciones de Jove. Los enfermos fueron trasladados en tranvía, porque las ambulancias eran aún un lujo imposible de conseguir.

No fue un proceso fácil. Para comprar la finca de Moriyón, donde hoy se enclava el hospital, fue preciso recibir antes del Ayuntamiento de Gijón la indemnización correspondiente al desahucio de la finca de El Náutico, que ascendió a unos 2.300.000 pesetas. Con ese dinero y centenares de pequeños donativos de gijoneses de toda clase social y disponibilidad económica, fue posible crear unas instalaciones que el mítico Adeflor, en su crónica periodística de la inauguración en el diario El Comercio, no dudaba en calificar de Gran Hotel de Enfermos.

Aquel proyecto tuvo muchos valedores, personificados aquí en dos nombres. Uno,Paulino Antón Trespalacios, hermano mayor durante 43 años, desde la postguerra a 1993. El otro nombre propio es el doctor cirujano César Alonso Martínez, con casi medio siglo de vinculación al hospital, del que fue director médico. De su entusiasmo y su constancia se da cumplida prueba en el libro "El Hospital de Jove.Los doscientos años de una institución" que la Fundación Hospital de Jove editó este año con motivo de tal aniversario.

Ubicacion del Hospital desde 1947 en la finca Moriyon
Ubicacion del Hospital desde 1947 en la finca Moriyon

Era el de Jove el quinto emplazamiento en la historia del hospital,tras la calle de Los Moros,Cimadevilla,el Náutico y El Bibio.Y salvo el periodo de guerra en que el hospital fue regido por las autoridades municipales republicanas, la Hermandad de Caridad siempre gestionó su funcionamiento, con características mantenidas con rigor durante estos dos siglos:

En primer lugar su carácter gijonés. El más gijonés de los religiosos, el Cura Sama, párroco de San Pedro, fue el promotor de la idea en 1804. Desde entonces los destinos del hospital y los de la ciudad que lo acogió han corrido paralelos. En segundo lugar su carácter de independencia, fiel al ideario fundacional. Cuando a finales de la década de los setenta el Hospital de Jove vivió momentos críticos, con peligro cierto de desaparición, esa independencia sirvió para afrontar los acontecimientos y finalmente superarlos con ayuda de las administraciones y del personal hospitalario.

Aquel hospital que en 1947 nació con vitola de modernidad,hasta el punto de que muy poco tiempo después la Administración del Estado pretendió comprarlo para incorporarlo a su incipiente red del Seguro de Enfermedad, treinta años más tarde era un hospital sin enfermos -su razón de ser- y sin médicos, con unas instalaciones obsoletas y unos presupuestos insuficientes. Dos nuevos nombres cobran protagonismo en esta etapa crucial: los de Eusebio López Mosquera, que fue director médico durante más de 15 años, y Zenayda Álvarez Bárzana, que lo sustituyó tras su fallecimiento. Ambos creyeron posible rescatar a Jove de lo que entendía como desaparición segura. Y así fue.


Superada la crisis de supervivencia, Jove logró convertirse en hospital de área, con nivel administrativo-sanitario superior y con enfermos asignados, logró jerarquizar su plantilla, modernizar sus instalaciones, construir y levantar un hospital nuevo, dar mayores servicios... En los ochenta Jove se consolida, en los noventa crece y se moderniza hasta ser hoy un hospital con más de 400 trabajadores en plantilla, con más de 8.000 ingresos al año, 76.000 estancias, 5.000 intervenciones quirúrgicas, y más de 30.000 servicios de urgencias. Uno de los hospitales mejor valorados de Asturias. Ejemplo por su pasado, ejemplo por su presente.